El aluminio tiene una conductividad eléctrica mucho mayor que el acero. Por ello, es mucho más difícil calentar el hilo durante el cortocircuito según la ley de Ohm (I²*R), ionizar el gas de protección y cebar el arco. Además, la superficie está cubierta por una capa de óxido de aluminio dura y aislante, que debe romperse antes del cortocircuito. Este problema de cebado del arco solo podía superarse parcialmente con fuentes de corriente convencionales provistas de bobinas de choque especialmente diseñadas. Gracias al avance de las fuentes de corriente electrónicas, ha sido posible aumentar la corriente de cebado con suficiente rapidez y alcanzar los parámetros del proceso poco después.
Desde hace algunos años, el cebado del arco es posible mediante una alimentación de hilo retráctil. Con este sistema, el hilo se alimenta lentamente hacia la pieza hasta que se produce el cortocircuito. Entonces el hilo se retrae unos milímetros y se ceba un arco de baja potencia. Sucesivamente, el arco se lleva con rapidez a los parámetros del proceso adecuados. Esto ofrece la posibilidad de un cebado sin proyecciones en un marco temporal corto y preciso. Esta forma de cebado del arco se limita a un alimentador de hilo situado en las inmediaciones del tubo de contacto, con el fin de mover el hilo con la mayor precisión posible. Esto puede dar lugar a una antorcha más pesada y voluminosa, con desventajas en aplicaciones semiautomáticas y automáticas. Solo recientemente los sistemas robotizados pueden ofrecer esta función. En ellos, el movimiento de retracción lo realiza el robot y no el alimentador de hilo.





